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La dualidad de un corazón todavía “perdido”

Perdido, entre las ganas de partir y dejar atrás y la nostalgia.

29 de julio de 2011. Jueves

12:03am Liberia. Hace poco más de 10 días que estoy aquí. Empieza a parecerme una eternidad aunque sé que apenas es nada y que cualquier juicio emitido desde este momento, sentada en esta silla, con este bolígrafo en la mano (escribí a mano este post) sería una equivocación.

Observo puntos llamativos, de colores (no de llamativos colores). Camisetas naranjas, azules, rosadas, …que visten locales errantes, otros trabajando. Y que destacan sobre sus cuerpos oscuros. Y me parece brillante el contraste con la tierra, también oscura,” cenizosa” (me lo invento) y no “cenicienta” (también me lo invento) que cubre este país. Incluso el verde es oscuro, muy oscuro.

Ayer conseguí sacar de mi habitación un lagarto, pequeño, pero un lagarto. “Don´t worry. They are good. They eat mosquitos”. Y una mierda! Prefiero que el lagarto esté fuera al menos mientras duermo. Imagino que con el tiempo me acostumbraré y me dará lo mismo que el lagarto duerma o esté despierto, de noche o de día en mi cuarto. Al fin y al cabo duermo mejor acompañada. Lo prefiero.

Esta semana me he mudado dentro del mismo hotel a otra villa. 2 cosas contiguas donde vive el personal del hotel y en donde me han hecho un hueco mientras no me mudo a la escuela. Aquí las cosas van muy despacio. Todavía no hemos conseguido arreglar el sistema del agua y no tengo dinero para comprar fuel para el generador. La Fundación no puede hacerse cargo (no podemos hacernos cargo) de los gastos de una habitación del hotel, carísimo por cierto (este país es carísimo, pobre y carísimo, otro contraste) y la directora del hotel me ha ofrecido un hueco en su “cabaña” for free.

Terrence revisa la amortiguación de mi coche. “Be careful”. ” I will. Don´t worry: I know it´s not your car. I am doing this because of you”. Oh, Wow!. Nunca me habían dicho esto antes. Es de verdad así? Salta mi sistema de alarma. ¿Porque la experiencia me dice que no debo hacer mucho caso a esta serie de cosas? (las galletas han sido muchas) o ¿porque estoy en un país extranjero, desconocido y del que no han hecho más que advertirme los señoritos blancos y ricos?. Sigo con mi dualidad.

Todavía me siento de prestado. Me incomoda. Siempre creo que puedo con todo. Que podría resolver cualquier “ecuación” o problema, y que me gusta valerme por mi misma. Y para mí lo más importante, no me gusta deber. Lo haría yo por el que entrase de nuevas por mi puerta? Seguro. Pero y qué más da. Dar y recibir no son verbos necesariamente hermanos, que se den a la vez, que tengan los mismos padres, que te evoquen lo mismo. Algunos se sienten cómodos con los dos, otros prácticamente usamos sólo uno de ellos porque el otro nos duele, y algunos imagino y espero que los que menos se sienten intimidados por ambos.

Stephanie se va de vacaciones a Europa. Lleva un año y medio en Liberia a cargo de Kendeja (Robert L. Johnson es el dueño y señor de este oasis en un desierto oscuro y de parte de la NBA, leed, leed,…) y ya le apura el ánimo y las ganas de Francia, su país natal; aunque es de origen marroquí. Voy a quedarme a cargo del arreglo de su coche. Se estropeó la semana pasada. Arreglarlo será en parte mi pago por el trato recibido.

Sigo sin encontrarme cómoda con los expatriados. Algunos se merecen una patada en el culo (basta ya de criticar a un país y a unas gentes que de no existir, tu empresa no te traería aquí y no estarías haciendo tu agosto querido expatriado). Lo siento, es mi sentir, aunque otros me han ayudado y se han ofrecido y me siento en deuda. Cualquier cosa que yo pueda hacer será poco para compensar la desesperación de un “Oh Dios Mío, y ahora qué hago yo?” por el que en esta tierra pasas sí o sí, from time to time y has de contar con ello. Y sigue mi dualidad.

No quiero “regocijarme en las palabras” ni poner poesía a la normalidad pero necesito conversar. Paul es la persona que mejor me cae en este sitio. Un americano grande. Grande como su sonrisa. Me encanta cuando dice esto de: “Hello my sister”. Siempre está on patrol, así que conversar con él se hace complicado. Hablamos 5 minutos todos los días. Algunas veces más. A mí me sabe tremendamente a poco. Un día tuve suerte y cayeron 4 horas. Iría detrás de él a cada sitio que va sólo por empatar una conversación con otra.

Hablo con todo el mundo. Aunque “como en casa” no todo el mundo me llena. Y se van abriendo prospectos conversadores. Esta semana conocí a James, un gerente de African Petroleum, más de 50 años, seguro, interesante y discreto, a la vez que agudo y con bagage. Ayer partió hacia Accra (Ghana). Es responsable para su empresa de todo el Western Africa. Regresará en una semana. Retomar las conversaciones con él después de un día largo de nuevo estimulará mi espíritu y el ánimo. Debo confesar que cuando me pongo profunda my english is gone, o no, pero se complica la cosa…

Hablando de inglés ayer tuve que desconectar y dejar de hacer un esfuerzo agotador y frustrante. En gran medida por eso hoy le he dado a Terrence las llaves del coche para que terminara ya con el trabajo pendiente. No me siento hoy con fuerzas para escuchar otra conversación en inglés liberiano. Me vuelven loca. Lo que parece ser un sí termina siendo un no. Hablan incluso más alto y más rápido que yo. Con un tapón de cualquier cosa en la boca. Y todos saben de todo y todos no saben de nada, o saben que esas son sus costumbres y así se tienen que comportar, o ni siquiera lo saben y sólo se comportan, tal y como hacemos también en el resto del mundo.

Y aquí se desvanece mi dualidad. Viendo como el mundo se reproduce en cualquier parte del mundo en la que estés para lo bueno y para lo malo.

Hoy recibí un mensaje de una gran amiga, María. Una de esas personas de las que sabes que aunque la vida dé muchas vueltas o la tierra deje de darlas, siempre tendrá un rato para mirar al cielo, sonreir y acordarse de tí. Me contaba sus preocupaciones y se preguntaba si por ser más “pequeñas” eran menos importantes. Y como es lista ella mismo se contestó. Grandes o pequeñas (si es que pueden dimensionarse las preocupaciones y existe un termómetro o juez con derechos natos o adquiridos para hacerlo) cada uno tiene las suyas y la posibilidad de lamerse las heridas, la suerte de poder compartirlas, o incluso puede que hasta una mano o lengua cercana, prestada, donada, o entregada dispuesta a calmarlas. Y todos tenemos la opción de hacer grandes las pequeñas y pequeñas las grandes. Y en función de las prioridades vienen las heridas, y en función de las heridas y el aguante, la importancia de las mismas. En tu caso María, un hijo es lo suficientemente grande como para que lo que parece pequeño en su vida hoy, sea grande mañana.

Hoy también escribí a un amigo, Germán, en respuesta a una reflexión intencionadamente lanzada. Un guante lanzado al aire que por supuesto agarré (como para dejar escapar un guante). Creo que es más práctico vivir con la cabeza y más exitoso, le respondía. Y más intenso hacerlo con el corazón. Y seguro que el secreto está en la cantidad de cada uno. Y en el resto de ingredientes. Y en un mix “al dente”. Yo teniendo ambos y usando ambos, suelo darle más peso al corazón. Quizás acusando el error de correr un siempre tupido velo emocional sobre cada cosa que hago.

Control me dices Bárbara?. Se me escapa la vida entre los dedos de las manos, se me encierra el amor en un corazón dolido pero todavía dispuesto, se me ahoga el llanto en unos lagrimales y una garganta contenidos, me angustian las ganas que nunca me fallan, me intimida la calma, me anima la mera posibilidad, y me estimula comprender que amar tanto puede hacer daño, que un poco de cabeza puede ayudar. Me concluyo pensando que prefiero amar.

Y aquí es donde mi corazón se encuentra.

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Comentarios

2 comentarios en “La dualidad de un corazón todavía “perdido”

  1. Ya estamos iniciando la senda 2.0, eh? … habemus página en el feis… 😉

    Te lo voy a compartir en el nuevo juguete: google + … a ver que tan buenas visitas te mando

    Publicado por David Soler | 28/07/2011, 16:12

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