cambio, crisis económica, crisis social

Yo no quiero ser un genio

Miércoles, 31 de mayo de 2012

Vigo, 19:13. Como cada tarde ahora, recojo a Mario, juego con él, luego cena, baño y cama, y después trabajo, trabajo y trabajo. De hecho hoy empieza antes el trabajo. Y trabajo para conseguir trabajo (lo que para mi hoy es trabajo).

Leía sobre “destrucción creativa” cuando me encuentro con esto:

“El emprendedor innovador, según lo describe Schumpeter es un individuo fuera de lo común por su vitalidad y por su energía, incluso ante fracasos temporales. El innovador no es un inventor. Este último es generalmente un genio, un técnico/científico amateur o de profesión. El emprendedor crea mercados para los inventos de los genios. El innovador se destaca además por su perseverancia y por su ambición, no por su genialidad. Su motivación no sería la mera riqueza, o el simple hedonismo: el emprendedor schumpeteriano —que proviene de cualquier clase social— sueña con crear un imperio económico, una dinastía empresarial (un nombre, una marca)”.

Os dejo la frase completa aunque no es que me guste mucho la última parte. Lo del imperio digo. Pero la primera me “ha hecho feliz”. Por fin no es necesario que seamos genios!… después de lo mucho que se habla últimamente de innovar. A mí ya me parecía que estaba todo inventado. Y aunque seguro que no lo está, Dios, que presión con crear, innovar, hacerlo todo diferente, creatividad ante la adversidad…Que inventen los genios que para eso están.

Yo no quiero ser un genio. Con ser yo y saber buscarme un poco (un mucho, el nivel de exigencia viene de la mano de cada cual) la vida me vale. Ya sabéis, encontrar mi lugar, conocerme, serme fiel, realizarme, si es que se puede uno realizar…Yo diría que uno se construye, pero acepto realizar.

Que inventen otros que yo me encargaré de buscar huecos para sus inventos. Y si por el camino me quito la presión de inventar, quizás acabe inventando. Funciona así verdad?.

El hecho es que me parece que nos hemos puesto tantas obligaciones y responsabilidades, y cargas, y presiones, que no respiramos, que nos parece que si nos pasa esto o lo de más allá, no sobreviviremos. Tenemos miedo a la pérdida de casi todo: del trabajo, de la pareja, de la familia, de la condición social, a quedarnos solos…

Pues bien, yo lo he perdido casi todo (con esto no quiero ser ejemplo de nada, si no más bien sólo plasmar una reflexión). Y recuerdo que cuando pensaba:”uf cuando se mueran mis padres me muero”, y falleció mi madre (para su desgracia) y el resto seguimos aquí (acostumbrados a su extraña presencia en su falta). Y cuando pensaba: “uf si me quedo sin trabajo me muero”, y entonces me quedé sin él y allí estaba el paro. Y cuando pensaba: “uf si me quedo sin paro me muero”, y éste, que se está a punto de terminar, alarma, aunque sé, a ciencia cierta, que no habrá muerte de por medio.

He perdido más cosas pero no vienen al caso y además he ganado algunas otras.

Sigo con la innovación.

Recuerdo que cuando Rodrigo Rato postulaba a la dirección general del FMI, allá por el 2004, leía en prensa que éste, Rato, (me dan ganas de feminizar su apellido) preparaba su doctorado. Recuerdo que pensé: “no puede ser, no lo tiene ya? “. Siempre creí que los señores de ahí arriba, esos tan importantes,  estaban tan bien preparados (no es que tenga yo nada especial contra Rato, me parecen todos, en su conjunto, de la misma condición, y además yo no soy nadie para protestar ahora cuando he permitido en la parte que me tocaba que se riera de mi y de vosotros), sabían más que el resto, y que por eso se encargaban de esos asuntos, digamos, los gordos.

Y ahora que leo a Schumpeter, resulta que este economista austríaco, que fue ministro de economía de Austria después de la I Gerra Mundial, hablaba ya a principios de siglo (del pasado), de “La destrucción creativa, el proceso de transformación que acompaña a la innovación”. O lo que es lo mismo, para crear a veces es necesario destruir, aunque tú no lo quieras.

La innovación, un proceso a través del cual nuevos productos destruyen viejas empresas y modelos de negocio anticuados. Todo se renueva. Todo evoluciona.

Pues bien, nosotros, todos, bueno, vosotros, voy a excluirme por un rato, ese otro rato ;)…preferís centrar el tiro en la crisis, en los bancos (estoy de los bancos!!), en los grandes hombres ricos y ladrones de guante público, en los cierres de las líneas de crédito y en pedir investigaciones.

Esto me recuerda otra cosa. Cuando se empezaba a hablar del cierre de negocios pensaba: “por qué se habrá cerrado este local?. Pues porque la gente no quiere entrar en un bar y salir oliendo a fritanga. Y porque la gente ya no va a las mercerías, compra todo, una vez, y a ser posible en un bonito y lujoso centro comercial”.

Pues eso, los mercados evolucionan, los consumidores cambian, los hábitos con ellos, con nosotros, …y mientras nos centremos en lo que está mal y no en lo que está bien, se nos hunde el barco y nos llevamos con nosotros a los que están en otra onda. Y no parece muy justo, verdad?.

Cambiemos de discurso, por favor, y centrémonos en lo que podemos hacer nosotros no en lo que han hecho los demás mal. Y centrémonos en elegir bien, en ser responsables con nosotros mismos a la hora de decidir a los que queremos sean nuestros representantes, parejas, caseros, amigos, gobernantes (si es que tiene que haber), empleados, empleadores, vecinos, ….conociéndoles bien antes y eligiendo después. Y sin juzgar, para eso ya tenemos a los hombres de negro de los tribunales, que la procesión va por dentro.

Pues bien, mientras ahí fuera y aquí dentro seguís centrados en intentar castigar a los que sabéis de sobra se quedarán como están, calentitos, yo seguiré centrada en avanzar, en mirar hacia “los mercados que crecen”, que los hay, en intentar ir de la mano de las “empresas” que saben hacia donde viajar, que las hay, en buscar a los genios que inventan “productos” para ayudarles a abrir sus “nuevos mercados”, que los hay, en codearme con los que me hagan reir, con los limpios de corazón que me interesan más, que también los hay. Y doy fe de que cuesta, de que sabía que iba a costar y de que si cabe está incluso costando más, pero llegaré, de seguro, lo haré. Siempre se llega.

Queremos dar pasos de gigante y hasta la sociedad tiene su ritmo (que lo diga yo que soy “cagaprisas” ya tiene delito, pero hasta la más difícil de las lecciones, si se quiere, se aprende). Hay cosas que sabemos no van a cambiar y deberíamos centrarnos en los pequeños pasitos que nosotros sí podemos dar.

Por cierto, Mario se sabe la tabla de multiplicar, completa. Cumple 7 en octubre. No se la sabe de memoria, la calcula de memoria. Cuando yo no esté contadle que esto me importaba, pero que lo que más me importaba era ser “verdadero y libre”, y que si puede, en ello se inspire.

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